Los embutidos curados son aquellos que se elaboran a partir de una mezcla de carne picada, condimentos y especias y que son sometidos a un proceso de maduración dejándolos secar hasta que adquieren una cierta consistencia. Nada que ver con los embutidos cocidos, cuya carne se cuece antes de prensar (jamón york, mortadela…), o los frescos, que se realizan directamente con la carne picada fresca y suelen necesitar ser cocinados antes de su consumo, como ocurre con las salchichas.

Los embutidos curados son ese grupo de alimentos que, a menudo, vemos con malos ojos, como si de un alimento prohibido se tratara. Existe la creencia de que los embutidos son productos ricos en grasas, con un aporte calórico alto y que pueden ser perjudiciales para la salud. Sin embargo, lejos de lo que podemos pensar, los embutidos curados no solo forman parte de nuestro patrimonio gastronómico, si no que además poseen unas cualidades nutricionales y organolépticas especialmente positivas para nuestro organismo.

Los embutidos curados, al igual que la carne de la que proceden, tienen un alto contenido de proteínas y son ricos en otros minerales como el fósforo. Por eso, su consumo moderado contribuye al aumento y conservación de la masa muscular y al mantenimiento de huesos y dientes.

En cuanto a vitaminas, las más destacadas son las del grupo B:

  • Vitamina B 1 o tiamina, que favorece el buen funcionamiento del corazón.
  • Vitamina B3 o niacina, que ayuda a disminuir el cansancio y fatiga.
  • Vitamina B12 que facilita la formación de glóbulos rojos y fortalece el sistema inmunitario.

Por otro lado, si hay algo de lo que se le acusa al embutido es de su gran cantidad de grasa, pero hay que tener en cuenta que en su mayoría son grasas insaturadas, o lo que es lo mismo, “grasas buenas” puesto que ayudan a cuidar el corazón.  Solo un 35-40% del contenido en grasa de algunos embutidos como el chorizo o el salchichón son saturadas, lo que hace que ambos productos se acerquen al perfil recomendado en una alimentación saludable (33% grasas saturadas, 67% insaturadas)

Otra preocupación entre los consumidores es el riesgo de aumentar el colesterol. Pues bien, el contenido de colesterol de los embutidos curados es menor que el de otros productos como el huevo, la mantequilla o una ración de calamares. De hecho, por cada 100 gr de chorizo o salchichón, nuestro cuerpo recibe 72 mg de colesterol, cantidad muy parecida a la que nos aportan algunos pescados como la lubina (68 mg) o la caballa (80 mg).

Por tanto, podemos decir que el consumo moderado de estos apetitosos productos aporta a nuestro organismo un valor nutricional adecuado. El secreto está, como en todo, en consumirlo siempre en su justa medida.

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